
Por Oscar Gutiérrez
A poco más de un año para que tengan lugar nuevas elecciones para renovar el gobierno de nuestro estado, hace meses que se comienzan a mover los factores decisorios para las designaciones o imposiciones de candidaturas dentro de los partidos y alianzas. Ya son varios y bien conocidos los nombres que buscan la designación de la alianza marca 4T en Tlaxcala, en la lógica de que la mayoría de las encuestas dan por hecho un triunfo de la alianza encabezada por Morena, de la cual seguramente Redes Sociales Progresistas será parte integrante.
Lo que en estas líneas se pretende resaltar y que debe movernos al análisis son los hechos, declaraciones y actos que muestran las muy evidentes diferencias y distancia que existe entre los punteros de esas mismas encuestas y el riesgo que ello implica para lograr un triunfo incuestionable y por un margen que no genere dudas ni espacio para su impugnación.
Es innegable que a la cabeza de la lucha por la designación se encuentran la senadora Ana Lilia Rivera y el alcalde de Tlaxcala capital Alfonso Sánchez. Considero que el posicionamiento de ambos es natural y lógico, la primera se encuentra ya en su segundo periodo como senadora por nuestro estado, no es para menos que sea altamente conocida y mantenga un alto nivel de aceptación en los 60 municipios de Tlaxcala.
El segundo cuenta con los reflectores mediáticos por presidir el ayuntamiento de la capital, cuyo trabajo al frente sería subjetivo calificar en este espacio para alguien que no habita allá, sin embargo, es pertinente señalar su linaje político y cercanía por obviedad de razones con la actual gobernadora, es por ende, la primera opción cuando se trata de asegurar un sucesor.
Pero precisamente estos factores que los colocan al frente en las mediciones, así como sus evidentes diferencias de fondo, pueden volverse un factor de riesgo si la militancia, los simpatizantes de la 4T y ciudadanos en general siguen sin percibir puntos de coincidencia que en su momento generen unidad y un cierre de filas genuino que vaya más allá del discurso.
La verdadera pregunta por respondernos, que muchos ya se hacen incluyendo a la oposición es: ¿si la candidata de la alianza de la Cuarta Transformación resulta ser la senadora, el actual alcalde de Tlaxcala capital y todos los factores de poder político y económico detrás de él se sumarán a ella y la apoyarán como sería lo deseable, incluso por mandato de Palacio Nacional? ¿Y aun, si fuera el caso, le sería suficiente para ganar la elección constitucional? O acaso ¿si el candidato resulta ser el hijo del ex gobernador (lo que considero menos probable), las bases y la militancia dura de la senadora Rivera y de morena lo apoyarían o ésta optaría por competir por la vía de un partido aliado? Podría darse un terremoto político sin precedente en los próximos meses en Tlaxcala.
Mientras esto ocurre, bien haríamos en considerar una tercera opción, una tercera vía que se caracterice no por mostrar el encono y diferencias de fondo, sino que las sepa resolver mediante el dialogo y acuerdos, que se caracterice por un acercamiento real a las bases de los partidos integrantes de la futura alianza y que refresque el escenario con una trayectoria y experiencia en la administración pública. Que se muestre presente con base en resultados concretos ante los ciudadanos y no tapizando de bardas todo el estado y atiborrando las redes sociales con encuestas pagadas y medios alquilados.
Se necesita una opción que pueda construir y unir una gran alianza para transformar.
Alguien que ya fue funcionario público, muy cercano al mismo presidente López Obrador como Oscar Flores Jiménez, la puede hacer realidad?
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