
- Lo que desconocen los morelenses es que el pueblo de Atlangatepec es bravo y todo podría complicarse.
EL PETARDO / La opinión de Adolfo Tenahua Ramos
Si algo ha quedado claro en el gobierno de Lorena Cuéllar es que pocos funcionarios acumulan tanto poder como el secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández. El problema es que, a medida que crece su influencia, también lo hacen las dudas, las sospechas y el desgaste político que comienza a alcanzar a todo el gabinete.
La crisis de la basura es el ejemplo más evidente.
A meses de concluir el sexenio, Tlaxcala sigue sin una solución definitiva para la disposición final de los residuos. Los rellenos sanitarios de Huamantla y Panotla terminaron clausurados después de años de contaminación, mientras los de Nanacamilpa-Calpulalpan y Atlangatepec-Tetla sobreviven entre cuestionamientos y problemas ambientales.
Pero en lugar de una estrategia clara, lo que abundan son los boletines, las fotografías oficiales y los convenios que difícilmente tendrán resultados antes de que termine el actual gobierno.
Y en medio de ese escenario aparece el inútil proyecto de economía circular y la intención de instalar una recicladora en la región de Atlangatepec.
El problema es que los habitantes de San Pedro Ecatepec no parecen compartir el entusiasmo gubernamental.
La gente pide información, exige transparencia y deja claro que no quiere otro foco de contaminación. El mensaje es contundente: nadie quiere heredar otro “apestadero”.
Sin embargo, las respuestas del gobierno estatal han sido insuficientes.
De manera extraoficial ya se comenta que detrás del proyecto existe mucho más que una simple política ambiental. Las versiones, los rumores y las especulaciones han comenzado a crecer precisamente por la falta de información y por la opacidad con la que se ha manejado el tema.
Y en este caso los señalamientos apuntan a que el secretario morelense pretende desarrollar su mina de oro a través de este ocurrente proyecto de la recicladora “RECYCLAM”, que según varias versiones presuntamente sería propiedad del funcionario y de un séquito de paisanos morelenses.
Y cuando la transparencia desaparece, las sospechas florecen.
Por si fuera poco, al interior de la 4T tampoco todos están cómodos con el protagonismo que ha adquirido el grupo político identificado con funcionarios provenientes de Morelos.
Cada vez se demuestra la excesiva concentración de poder y se observa con preocupación la posibilidad de que ese mismo grupo pretenda extender su influencia más allá del sexenio de Lorena Cuéllar.
La realidad es que el tiempo comienza a agotarse.
La gobernadora prometió resolver el problema de la basura y, hasta ahora, la entidad sigue navegando entre clausuras, millones de pesos invertidos en remediaciones, conflictos sociales y proyectos que generan más preguntas que respuestas.
Y mientras eso ocurre, Luis Antonio Ramírez Hernández se consolida como uno de los personajes más poderosos del gobierno… pero también como uno de los más desgastados.
Porque en política el exceso de poder tiene un costo.
Y a veces, quienes se sienten virreyes terminan descubriendo demasiado tarde que el desgaste, las críticas y el pésimo desempeño también pasa factura.
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