¡Somos México! Pensar, decir y hacer: responsabilidad de la 4T

Vicente Morales Pérez

Durante noventa minutos, México dejó de lado sus diferencias para compartir un mismo sentimiento. En hogares, plazas, restaurantes y centros de trabajo, millones de personas alentaron con la esperanza de ver triunfar a nuestra selección. Por un instante, poco importaron las ideologías, las edades o las ocupaciones; todos mirábamos hacia el mismo objetivo.

El resultado no fue el esperado. La eliminación frente a Inglaterra dejó un sabor amargo, pero también una oportunidad para reflexionar. Porque una derrota deportiva no define a un país, del mismo modo que un solo partido no resume el trabajo de años.

Detrás de cada encuentro existen procesos largos: preparación, disciplina, infraestructura, decisiones acertadas y errores que forman parte del aprendizaje. El éxito nunca depende únicamente de lo que ocurre durante noventa minutos, sino de todo lo que sucede antes de que el balón comience a rodar.

Con las naciones ocurre algo parecido. Muchas veces creemos que el rumbo de México se decide exclusivamente el día de una elección. Sin embargo, un país se construye todos los días, en las escuelas, en las familias, en los centros de trabajo, en las comunidades y en la participación responsable de millones de ciudadanos que entienden que el futuro también depende de ellos.

Ningún equipo gana gracias a un solo jugador. El delantero necesita del mediocampo, la defensa respalda al portero y el cuerpo técnico coordina un esfuerzo donde cada integrante cumple una función específica. La fortaleza de un equipo radica precisamente en la capacidad de trabajar unido.

Nuestra sociedad enfrenta el mismo desafío. Por eso resulta preocupante que, después de cada derrota, la conversación se reduzca a encontrar culpables. Es fácil opinar cuando el partido terminó y el resultado ya no puede cambiar. Mucho más difícil es involucrarse, aportar soluciones y asumir responsabilidades para mejorar las cosas.

La crítica es indispensable en cualquier democracia, pero debe tener un propósito constructivo. Existe una diferencia importante entre señalar errores para corregirlos y hacerlo únicamente para alimentar la confrontación.

El verdadero patriotismo tampoco consiste en sentirse superior a otros países ni en celebrar únicamente cuando llegan las victorias. Amar a México significa reconocer nuestras fortalezas, valorar nuestra historia y respetar el esfuerzo de quienes representan al país en cualquier ámbito, ya sea en el deporte, la ciencia, la educación, la cultura o el servicio público.

Nuestra bandera pertenece a todas y todos. Por eso merece ser honrada diariamente con trabajo, honestidad, respeto y compromiso.

Después del partido, las imágenes de los jugadores reflejaban tristeza, pero también dignidad. Habían dejado todo en la cancha y, aunque el resultado no los acompañó, representaron con orgullo a millones de mexicanos.

Así también avanzan los pueblos. Las naciones no se distinguen por evitar las derrotas, sino por la manera en que enfrentan la adversidad. México ha demostrado esa fortaleza en momentos difíciles: desastres naturales, crisis económicas, emergencias sanitarias y otros desafíos que han puesto a prueba nuestra capacidad para salir adelante. En cada uno de ellos ha surgido la solidaridad de una sociedad que sabe unirse cuando más se necesita.

El deporte forma carácter. Enseña disciplina, perseverancia, trabajo en equipo y respeto por las reglas. Cada niña y cada niño que practica una disciplina aprende que el talento solo alcanza su máximo valor cuando va acompañado de esfuerzo y constancia.

Por ello, la mejor respuesta no es llenar las redes sociales de descalificaciones, sino llenar las canchas, los parques, las albercas, las pistas y los gimnasios. Necesitamos más jóvenes practicando deporte, desarrollando hábitos saludables y aprendiendo que las metas importantes solo se alcanzan con preparación y dedicación.

Quizá esa sea la mayor enseñanza que nos deja el futbol: no existen campeonatos sin entrenamiento, ni países fuertes sin ciudadanos comprometidos.

Ayer terminó un partido. Hoy continúa una tarea mucho más importante: seguir construyendo un México donde el éxito colectivo dependa menos de un resultado deportivo y más del esfuerzo diario de su gente.

La selección tendrá nuevas oportunidades. Habrá otros torneos y nuevos desafíos. México también seguirá escribiendo su historia, porque los pueblos que conservan la esperanza, aprenden de sus errores y trabajan unidos son los que finalmente alcanzan sus mayores victorias.

Que una derrota no disminuya nuestro orgullo de ser mexicanos, pero que ese orgullo tampoco nos impida reconocer aquello que debemos mejorar. Solo así podremos seguir construyendo el país que todos queremos: uno donde el compromiso, la participación y la unidad sean siempre nuestra mejor victoria. Sígueme en mis redes sociales.

https://www.facebook.com/SoyVicenteMorales
https://www.instagram.com/soyvicentemorales

***

“Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Imaginario Social”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *