- Lorena refleja un semblante harto de lo que se ha convertido Tlaxcala en sus manos. Se ve cansada y muy demacrada, no cabe duda que pasará a la historia como la peor gobernadora de Tlaxcala.
El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos
La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros atraviesa uno de los momentos más críticos y vergonzosos de su administración. Hundida en el rechazo ciudadano, rebasada por la inseguridad y cada vez más cuestionada por distintos sectores sociales, la mandataria apareció nuevamente entre los peores gobernadores del país en el Ranking Nacional de CRIPESO correspondiente a mayo de 2026.
Con apenas 38.23 por ciento de aprobación, Lorena Cuéllar quedó prácticamente en el sótano nacional, reflejo de un gobierno debilitado, desconectado de la realidad y señalado por permitir que el miedo se apodere de Tlaxcala.
Lo más grave para el lorenismo es que el descontento ya alcanzó incluso a la Iglesia Católica.
Durante la Bajada de la Virgen de Ocotlán, el obispo de Tlaxcala, Julio César Salcedo Aquino, habló de una realidad marcada por el miedo, la violencia y las profundas desigualdades que vive el pueblo tlaxcalteca. También advirtió que quienes ocupan cargos públicos deben comprometerse verdaderamente con el bien común y escuchar las preocupaciones reales de la ciudadanía.
Las palabras resonaron con fuerza porque pocas veces el obispo, caracterizado por su perfil prudente y tolerante, había emitido un posicionamiento tan claro en medio de la crisis que atraviesa el estado.
Y es que Tlaxcala ya no puede ocultar lo evidente: la inseguridad se disparó, los hechos violentos se multiplican y la presencia de grupos criminales y cárteles en diversas regiones es cada vez más notoria, mientras el gobierno estatal insiste en vender una imagen de tranquilidad que ya nadie cree.
Asaltos, desapariciones, ejecuciones, narcomenudeo y violencia cotidiana forman parte del escenario que viven miles de familias, mientras la administración de Lorena Cuéllar parece más preocupada por la propaganda y las fotografías oficiales que por recuperar la seguridad.
El desplome de la gobernadora no es casualidad. Es consecuencia directa de un gobierno incapaz de responder a la crisis, alejado de la ciudadanía y cada vez más cuestionado por una población cansada de discursos vacíos y resultados inexistentes y un clan familiar que se ha adueñado del presupuesto de varias dependencias con la filtración de familiares directos en nómina.
Todo ello ha hecho que la mandataria haya pasado a la historia como una de las peores de Tlaxcala, entre reclamos, abusos, abucheos, deslealtades, imposiciones, inseguridad, venganzas y muchas acciones más que la ciudadanía ya empieza a cobrarle factura.
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