
Por: Rafael Santacruz Lima *
En el actual panorama del sistema de justicia mexicano, las fiscalías enfrentan retos estructurales y operativos que obstaculizan su papel como garantes del acceso efectivo a la justicia, a pesar de ser instituciones fundamentales para la investigación y persecución de los delitos, su desempeño continúa siendo motivo de preocupación social y académica.
Uno de los principales problemas es la impunidad generalizada, es decir, las cifras revelan que una gran parte de las carpetas de investigación no llegan a judicializarse y muchas se archivan sin avances sustanciales, lo que alimenta la desconfianza ciudadana y contribuye a la normalización del delito. A esto se suma la falta de autonomía real: si bien algunas fiscalías han sido reconocidas como organismos constitucionalmente autónomos, en la práctica aún existen injerencias políticas que condicionan sus decisiones y debilitan su imparcialidad.
Además, se enfrentan a deficiencias en recursos humanos y materiales, las fiscalías operan con una infraestructura limitada, con personal insuficiente y, en muchos casos, sin la capacitación adecuada para atender la complejidad de los casos, especialmente aquellos relacionados con delitos de alto impacto, violaciones graves a derechos humanos o con perspectiva de género. La corrupción interna también representa un obstáculo constante, pues en ocasiones se documentan prácticas indebidas que van desde el cobro de favores hasta la alteración de pruebas o la revictimización de denunciantes.
Por otro lado, la sobrecarga de trabajo agrava la ineficacia institucional, es decir, el volumen de casos supera la capacidad operativa de muchas fiscalías, lo que genera demoras, errores y resoluciones poco satisfactorias. Esta situación se ve agravada por la implementación desigual del sistema penal acusatorio, que, si bien representa un avance hacia una justicia más transparente y oral, aún no ha sido comprendido ni asimilado completamente por quienes operan el sistema.
También, la desconfianza ciudadana hacia estas instituciones se convierte en un círculo vicioso: la falta de resultados desincentiva la denuncia, y la baja participación social obstaculiza aún más las investigaciones. Mientras las fiscalías no logren revertir esta percepción y fortalecer su legitimidad, será difícil construir un Estado de derecho sólido y eficaz.
En suma, las fiscalías de justicia en México se encuentran en una encrucijada: o se transforman profunda y estructuralmente, o seguirán siendo un eslabón débil en la lucha contra la violencia, la corrupción y la impunidad.
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*Profesor-investigador de Tiempo Completo, en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores-Conahcyt (Nivel 1).
