Dedo presidencial

Por Juan Luis Cruz Pérez

Está claro que es y será el dedo presidencial el que defina a las personas que abanderarán a Morena en las 17 entidades que el próximo año cambiarán de mandatario, incluida Tlaxcala. La presidenta Claudia Sheinbaum definirá si es ella o él la persona postulada por Morena

Al viejo estilo priista, el dedo presidencial impondrá su voluntad. El gatopardismo que hoy se vive, confirmado por sus recientes movimientos en el gabinete, con los reacomodos internos en Morena y, sobre todo, la forma en que se han procesado decisiones clave en distintas entidades del país, hacen advertir esta realidad.

Este escenario coloca en entredicho las capacidades reales de Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez, así como del resto de aspirantes que en Tlaxcala mantienen la mano alzada, y recorren el estado, invierten en posicionamiento y se disputan reflectores. Todos ellos, sin excepción, están jugando una carrera cuyo desenlace no depende de su trabajo político, sino de su capacidad para “llenar el ojo” en Palacio Nacional.

Poco o nada pesarán las encuestas, los estudios de opinión o incluso el pulso ciudadano, sino el humor y la voluntad presidencial. Si algo está quedando claro es que el obradorismo no desmanteló el viejo modelo priista de sucesión, lo recicló y es su única forma de operar en materia electoral, con todos sus defectos y pocas virtudes.

El centralismo, la disciplina vertical, la cooptación del árbitro electoral y de los órganos jurisdiccionales, y una figura presidencial convertida en el gran elector, son las señas que fortalecen la idea de que la imposición será lo que prevalezca.

Por eso, en Tlaxcala, la efervescencia política y la carnicería electoral que hoy protagonizan nombres como Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez García, no debe leerse ni verse como una contienda real, sino como una etapa preliminar de posicionamiento, una especie de pasarela política donde el público local no decide y en una de esas, pueden haber sorpresas.

Lo que Morena criticó durante décadas del PRI, lo repite y en Tlaxcala se impondrá el dedo presidencial.

Mientras, el árbitro electoral local dejó cuál será su derrotero en el proceso comicial 2026–2027: muy proclive al poder. La imparcialidad y la certeza, dos de los principios rectores de su función ya fueron soterrados al negarse a actuar en contra de las evidentes campañas electorales en ciernes. Por la incapacidad de llegar a mejores espacios electorales, sus actores parece que actuarán pavimentando caminos a nuevos estrados locales, y con ello,  vendrán cosas peores.

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“Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Imaginario Social”.

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