
Por Agustín Corona
La madrugada del día 2 de noviembre de cada año, los nahuablantes de San Isidro Buensuceso, comunidad de San Pablo del Monte, se dan cita en sus dos panteones, el primero frente al atrio de la iglesia y el segundo a las afueras del pueblo, con la firme intención de alumbrar las tumbas de sus difuntos o como ellos dicen “𝗧𝗹𝗮𝘄𝗶𝗹𝗶𝘀𝘁𝗹𝗶” en su lengua materna.
De acuerdo a sus creencias, se debe iluminar el camino de regreso para sus seres queridos que ahora van a su morada, mientras las luces de ceras y veladoras iluminan la oscura madrugada y, a pesar del frío que no representa un impedimento para chicos y grandes que recuerdan con nostalgia a los “que se adelantaron”, todas las tumbas de los difuntos son alumbradas por familiares que se dan cita año con año, de esta manera conservan viva las tradiciones de esta población.
El mismo día, pero a partir de la 12:00 pm, los habitantes de esta población, comparten con familiares y padrinos la ofrenda que colocaron en casa, quienes a cambio entregarán un presente que para los grandes puede ser un traste y para los pequeños juguetes, la ofrenda se lleva en canastas tapadas con servilletas tejidas de manera artesanal, esta actividad es conocida como “𝗧𝗹𝗮𝗺𝗮𝗸𝗶𝗹𝗶𝘀𝘁𝗹𝗶𝘀” que significa dar de comer.
Estas actividades también representan una derrama económica en la población ya que es la fiesta más grande del año y en ella participan todos los integrantes de la familia.
De esta forma, es como en San Isidro Buensuceso, comunidad de San Pablo del Monte, así como en otros barrios se vive las tradiciones del Día de Muertos, conservando sus costumbres de generación en generación.
