
Por: Rafael Santacruz Lima *
Uno de los grandes problemas del sistema de justicia penal es la cifra negra, ese porcentaje de delitos que nunca se denuncian, lejos de ser un dato estadístico menor, esta realidad refleja un profundo malestar social. La mayoría de las personas no denuncia porque no confía en las autoridades.
La desconfianza nace del historial de corrupción, impunidad y maltrato institucional, es decir, muchas víctimas prefieren callar antes que atravesar un proceso lento, desgastante y, a veces, revictimizante. A esto se suma el miedo a represalias, sobre todo cuando el agresor tiene poder, influencia o vínculos con el crimen organizado.
Otro factor determinante es la normalización de la violencia, hemos aprendido a vivir con delitos cotidianos, como el robo, la extorsión o el acoso, sin esperar justicia. También influye la falta de información: hay quienes no saben cómo o dónde denunciar, o simplemente piensan que “no sirve de nada”.
Mientras no se transforme la relación entre ciudadanía e instituciones, la impunidad seguirá creciendo. Denunciar no debería ser un acto de valor, sino un derecho garantizado con respeto, eficacia y protección, es decir, el silencio social no es pasividad, es una forma de protesta ante un sistema que ha fallado.
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*Profesor-investigador de Tiempo Completo, en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores-Conahcyt (Nivel 1).
