
Por David Rodríguez
A medida que el calendario nos empuja hacia el inicio de un proceso electoral que, de por sí, ya está muy adelantado, mágicamente hemos pasado de la falta de dinero en la administración pública, a una especie de fuente inagotable de recursos para hacer obras, obras y más obras.
Los pretextos para retener el dinero público se esfumaron. Hoy, quienes gobiernan principalmente en el ámbito municipal, pretenden meter el acelerador a fondo y construir en meses lo que fueron incapaces de gestionar en un año y medio.
Muchos le apuestan a la desmemoria del ciudadano para intentar convencerlos de que no hubo errores, sino “tiempos de planeación”. A otros simplemente no les alcanzará el tiempo; por ello, ya buscan colgarse de los aspirantes a la gubernatura del estado para garantizarse un lugar en la nómina pública el próximo sexenio.
En Apizaco, por ejemplo, el 2025 inició con la rehabilitación de algunas calles que durante años estuvieron abandonadas por quienes detentaron el poder durante más de 15. La falta de recursos impidió seguir con el programa que, si acaso, apenas permitió reencarpetar unas seis o siete calles.
Ahora, el alcalde Javier Rivera Bonilla anunció la inversión de 18 millones de pesos para atender una «deuda histórica» en las calles a partir del próximo 27 de abril. Arreglar las calles es, por supuesto, necesario, pero hacerlo con el cronómetro electoral en la mano suele generar suspicacias.
Por otro lado, en la capital, el anuncio de 160 millones de pesos extraordinarios al presupuesto de Tlaxcala es, sin lugar a dudas, un golpe firme sobre la mesa de quien busca encabezar la candidatura del partido oficial para la gubernatura del estado.
Inyectar tal cantidad de recursos justo ahora busca saturar la vista del ciudadano, hacer ruido y opacar los señalamientos de la oposición al proyecto de Alfonso Sánchez García, incluso cuando las críticas sobre los problemas no resueltos tengan toda la razón.
El Gobierno del Estado no se queda atrás y lanzó tres cartas más antes del cierre de la administración: la Universidad Rosario Castellanos, el hospital IMSS-Bienestar y el polo de economía circular.
Si bien son proyectos de gran calado que buscan blindar con urgencia la narrativa contra el oficialismo, al meter el acelerador, el riesgo es evidente: cuando se construye con prisa electoral, la calidad podría estar comprometida.
Es un hecho que nadie se quiere quedar fuera de la carrera y todos quieren estar vigentes. Ojalá todos los años estuviéramos en la antesala del inicio de un proceso electoral. Quizá solo así, el desarrollo social sería una prioridad y no solo un recurso de última hora.
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