
Por Rafael Santacruz Lima*
En los últimos días, el debate público en México vuelve a girar en torno a la justicia penal: reformas apresuradas, discursos de “mano dura”, ampliación de delitos con prisión preventiva y una narrativa oficial que equipara castigo con justicia, el problema es que esa ecuación, aunque políticamente rentable, rara vez produce seguridad real.
Ante el aumento de la violencia y la presión social, la respuesta suele ser la misma: endurecer penas, ampliar facultades punitivas y recurrir de forma casi automática a la prisión preventiva, sin embargo, la experiencia demuestra que llenar las cárceles no reduce el delito ni fortalece la confianza ciudadana en las instituciones, por el contrario, profundiza un sistema ya saturado y marcado por violaciones a derechos humanos.
Hoy, miles de personas están privadas de la libertad sin una sentencia firme, la prisión preventiva, pensada como una medida excepcional, se ha convertido en regla, en la práctica, esto significa castigar antes de juzgar, debilitando uno de los pilares básicos del Estado de derecho: la presunción de inocencia, la justicia penal pierde legitimidad cuando se transforma en un mecanismo de contención social y no en un instrumento de resolución de conflictos.
A esto se suma una justicia penal que parece reaccionar más a la coyuntura mediática que a una política criminal seria, cada caso de alto impacto genera nuevas leyes, más delitos y penas más altas, sin un análisis real de su eficacia, el derecho penal se usa como mensaje político, no como herramienta racional de prevención.
El debate actual debería ir más allá del castigo. ¿Dónde quedan las víctimas y la reparación del daño? ¿Qué pasa con la reinserción social en un sistema penitenciario colapsado? ¿De verdad la justicia penal está ayudando a reducir la violencia o sólo está administrando sus consecuencias?
México necesita una justicia penal firme, sí, perotambién inteligente y humana, una justicia que investigue bien, que sancione cuando corresponda, que repare a las víctimas y que respete los derechosfundamentales, apostar únicamente por el endurecimiento punitivo puede generar aplausos momentáneos, pero difícilmente construirá la paz que el país reclama.
***
*Profesor-investigador de Tiempo Completo, en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores-Conahcyt (Nivel 1).
